Huérfanos
Ximena se subió al auto y manejó cinco horas seguidas. Podrían haber sido seis. Pero ella no estaba para viajes largos. La noche se sentía bien. La radio puesta sonando fuerte y la ventana abierta. Bien abierta. El viento se colaba un poco. A ratos y en momentos precisos. Santiago es una ciudad que maltrata, pero que nunca deja a morir. Nunca. Un poco antes de tomar la carretera, Ximena se detuvo. Luz roja. La gente cruza la calle y ella mira. Viejas, pendejos y uno que otro tipo. Alguno podría haber sido interesante. Alguno la podría haber mirado. Pero Ximena no estaba para sonrisas. Está para pausas. Entonces, se le ocurre mirar al lado. El asiento está vacío. Esa puta racha, que ahora se vuelve costumbre. Y le retumba con cada intento fallido. Porque Ximena sólo tiene ganas de ser feliz. El semáforo cambia a verde y al auto de al lado parte. Ahora, nadie la está mirando. Nadie puede. Las luces cambian. Los ritmos también.
-Cresta, dice. Me voy a quedar sola.
Así que arrancó. Y rápido. Aún le quedaban varias horas, para poder llegar a Playa Blanca.
Andrew también despertó sólo. Caminó a la pieza contigua y no había nadie. Sólo una cama hecha y la ropa que Patricia había doblado. Patricia se había quedado porque estaba muy lejos de su casa y Andrew muy borracho para llegar a la suya. Ella se fue temprano. Arregló sus cosas, caminó hasta el paradero y salió hacia su casa. Patricia siempre hacía eso. Tenía la facilidad de hacer las cosas de manera callada. Sus amores, sus pensamientos y sus escapadas de sábado en la mañana. Andrew era todo lo contrario. Por eso, la borrachera había sido evidente. Lo suficiente al menos, como para recordarle que debajo de la camisa y pantalones de marca, seguía siendo el mismo pendejo de siempre.
-Patty. Eres irremediablemente atractiva.
-Jaja. Gracias.
-Por eso mismo me caes mal.
Eso había sido en la noche. Ahora, ya era de día. Patricia se había ido. Sólo quedaba su ropa doblada, la cama hecha, el sol de febrero y todo el puto día por delante.
Gonzalo también se había levantado mal. Nueve veces de hecho. Una por cada mal recuerdo de anoche. Una noche que debía haber sido diferente. Porque cuando estás de cumpleaños en febrero, te acostumbras a estar sólo. Los de verano, son tipos diferentes. Gonzalo no era la excepción. Pero ésta, iba a ser diferente. La necesidad de hacer una práctica era lo suficientemente poderosa como para amarrar a la gente a Santiago. Su gente, al menos. Eso pensó y eso creyó. Porque Gonzalo era un tipo de promesas. La gente debió ir. Pero no todos llegaron. Como Ximena, por ejemplo. Más tarde de lo que los rones lo dejaron admitir, Gonzalo miró el lugar que había arrendado. Estaban los mismos de siempre. Así que tomó. Lo suficiente como para que la gente no importara y las promesas no sirvieran. Después de un rato, lo pudo haber logrado. Tal vez. Pero mientras hacía el camino de vuelta a su casa y los autos pasaban difusos al lado, Gonzalo se acordó. Hace un par de años, él también había prometido.
-Nos vemos en rock & pop, le dijeron.
-Eso espero, contestó.
Y ahora, mientras está borracho después de haber celebrado 25 años, Gonzalo sigue esperando. Los tipos de febrero son distintos. Sobre todo, cuando se trata de promesas que tienen que cumplir.
Felipe también se había prometido.
-De aquí a que salga, me quedó sólo. No ando para huevás.
Pero las ganas pudieron más. De estar con alguien. De hacer las cosas bien. De recuperar terreno. Felipe no tomaba. Eso le encantaba a las suegras. Les daba confianza. Las ponía felices. A sus hijas, no tanto. Así que cambió. A veces y por ella. Porque aunque no fuera el motivo, ni el fin, cada vez que Felipe jugaba a ser promedio, ella estaba presente. Todos lo veíamos. Todos lo sabíamos. Pero nunca nadie pensó que terminaría en catástrofe. Ni siquiera él. Pero el punto es que Felipe quería cambiar. Y Daniela no tuvo la culpa de eso.
-Me dijo que ya no sentía “mariposas”, huevón. “Mariposas”.
Daniela perdió sus mariposas y Felipe perdió sus motivos. Ahora pide tequila. Golpea el vaso contra la mesa y aprieta el estómago.
-Duele, le digo.
-Sí, me repite. Ya se me había olvidado.
Pero ahora, cada vez que Felipe sale a grabar en los noches, tiene un peso menos encima. Reportear asesinatos, es más fácil cuando nadie te extraña. Le da más adrenalina. Hace más adictivo el riesgo. Porque para Felipe, las cosas cambiaron. El dolor queda. Y Felipe aprende.
Todos aprendemos.
El que nada tiene, nada teme

8 Comments:
Muy buena, lástima que los personajes sean reales, no es la idea saber de sus vidas... lo grato es sólo leerte.
Hace algunos años que te conozco... no, no, rectifico, hace ya algunos años que te vi por primera vez, pero aún no consigo conocerte... y quizas nunca lo haga. No soy una admiradora, no te pases ningún de esos rollos que te encantan Andrew; simplemente me gusta leerte de vez en cuando.
jajaja wena champ... ta buenisima la wea... me gusto caleta... y puta que me emocione con mi historia... no se porque, supongo que es porque es verdad... en fin... tal como tu lo dijiste... las cosas cambiaron y ahora nada temo.
I THINK YOU ARE REALLY HOT
HAPPY VALENTINE'S DAY
KISSES
YOUR SECRET LOVE
what`s love got to do, got to do with it?...jajajaj
Chulo
puah!
De verdad teni talento piter, felicitaciones y sigue escribiendo que da gusto encontrar puntos de vistas diferentes de vez en cuando.
saludos.
Andrew querido, menos bla bla y mas acción!!!
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