Escribir
Todos nacen con algo. Una habilidad, un talento, una diferencia. Una jodida casualidad que te hace ser quien eres. No es personalidad, ni una huella digital. Es un accidente que con suerte, tienes tiempo de descubrir. El mío era escribir. Y como tantas cosas en mi vida, me di cuenta por error. Fue por una mina. Tenía 16, era rubia y yo no sabía qué hacer. Parte de ser adolescente se trata de eso. Equivocarse. Sobre todo cuando se trata de minas. Era noviembre, yo le escribí algo y ella nunca me volvió a hablar. Tiene que haber sido la peor cosa que haya escrito. Era sonso, tímido y débil. Un poco como yo. Porque la gran verdad de todas, es que uno sólo puede escribir como lo que es.
Para descubrirte tienes que pasar procesos. Y si fuiste niño, ese primer impulso casi siempre es el deporte. Yo quería ser tenista y ganar la Copa Davis. Todos los domingos, practicaba levantando una ensaladera que había en la casa de mi abuela. Era un acto de imitación. Copiaba todos los gestos veía en la tele. La pausa, el esfuerzo y el grito al final. Pero siempre después de eso, me iba a jugar. Y en el club, las cosas eran distintas. Cada domingo mi viejo se preocupaba de humillarme, gritarme y moldearme. Pero en la cancha se hacían los hombres. Yo tenía que volver. El tenis es un deporte de estructuras. Uno sólo puede ganar, cuando sabe entender los ángulos y las distancias. Para ganar hay que entender los límites, las velocidades y el hecho de que uno no juega contra otro, sino que ante la imposibilidad de devolver una puta pelota amarilla. Después de varios años, terminé aprendiendo la primera parte. Pero nunca la segunda. Y los gritos de mi viejo, quedaron en nada y complicidad.
-Siempre traté de ponerte en el peor escenario posible, me decía. Yo quería hacerte mentalmente fuerte. Pero no lo logré.
La diferencia física entre ganar y perder es poca. Es un tema de centímetros y probabilidad. Nada más que eso. Pero perder te deja cosas, que ganar nunca podría. El silencio, la reflexión y la rabia. Perder te obliga a enfrentar ese espacio que uno guarda para celebrar una victoria. Ahora, es curioso como tus mismas falencias terminan dándote las oportunidades. Porque si tienes a un tipo que ha perdido, con mucho tiempo de sobra y le das un lápiz, es probable que lo termine usando. Yo aprendí a escribir desde el resentimiento de un tipo muy asustado para lograr algo. Era una salida y mi venganza. Escribir era el lugar donde no podía perder.
Si eres hombre, la vida te da dos grandes temas. El deporte y las minas. Porque son cosas que trascienden, que te permiten hablar sobre ti. Pero a la larga son lo mismo. El deporte y las minas, son las únicas dos cosas donde los hombres no quieren perder. Curiosamente, perder en cualquiera de las dos siempre te obliga a visitar al mismo lugar. El bar. Yo pasé de bares a cocinas de amigos, con una facilidad asombrosa. Porque ganes o pierdas, el deporte y las minas funcionan con una certeza. Nunca dejarán de darte amigos. Y esos, uno aprende, siempre son los mejores.
Partí escribiendo por una mina y sigo haciéndolo. Pocas cosas en la vida, te dan ese tipo de emociones. La rabia, la ansiedad y la jodida adrenalina antes de arriesgar. Escribir sobre minas, te obliga a detenerte en esos minutos esenciales. En todo lo que tiene que pasar, para que un hombre conozca a una mujer. Y todo lo que puede suceder, cuando alguien se desprende de otro.
Escribir es una casualidad que se modela. Una suerte de consecuencia. Pero si te detienes lo suficiente, puedes darte cuenta de que siempre hay rasgos que se repiten. Escribir es un recurso que usa la gente partida. Es una cuestión de detalles y duelos, una arqueología y todas las promesas que uno nunca pudo cumplir. A mí me gusta encontrarles las trizas a las personas. Descubrirles los accidentes. Y saber qué cosas las hacen llorar.
El problema de centrarse sobre las derrotas, es que en algún punto tu suerte puede empezar a cambiar. Como que de un día para otro puedas empezar a conocer ese mundo que tenías postergado, por la fortuita condición de escribir bien. La diferencia física entre ganar y perder, no es más que una cosa de centímetros. Esa es la regla. Y en esta vida al menos, los cambios nunca dejarán de ser una buena probabilidad. Pero no es una lección fácil. Tuvieron que pasar cuatro años y medio, antes de que finalmente pudiera comenzar a entenderlo.
Para descubrirte tienes que pasar procesos. Y si fuiste niño, ese primer impulso casi siempre es el deporte. Yo quería ser tenista y ganar la Copa Davis. Todos los domingos, practicaba levantando una ensaladera que había en la casa de mi abuela. Era un acto de imitación. Copiaba todos los gestos veía en la tele. La pausa, el esfuerzo y el grito al final. Pero siempre después de eso, me iba a jugar. Y en el club, las cosas eran distintas. Cada domingo mi viejo se preocupaba de humillarme, gritarme y moldearme. Pero en la cancha se hacían los hombres. Yo tenía que volver. El tenis es un deporte de estructuras. Uno sólo puede ganar, cuando sabe entender los ángulos y las distancias. Para ganar hay que entender los límites, las velocidades y el hecho de que uno no juega contra otro, sino que ante la imposibilidad de devolver una puta pelota amarilla. Después de varios años, terminé aprendiendo la primera parte. Pero nunca la segunda. Y los gritos de mi viejo, quedaron en nada y complicidad.
-Siempre traté de ponerte en el peor escenario posible, me decía. Yo quería hacerte mentalmente fuerte. Pero no lo logré.
La diferencia física entre ganar y perder es poca. Es un tema de centímetros y probabilidad. Nada más que eso. Pero perder te deja cosas, que ganar nunca podría. El silencio, la reflexión y la rabia. Perder te obliga a enfrentar ese espacio que uno guarda para celebrar una victoria. Ahora, es curioso como tus mismas falencias terminan dándote las oportunidades. Porque si tienes a un tipo que ha perdido, con mucho tiempo de sobra y le das un lápiz, es probable que lo termine usando. Yo aprendí a escribir desde el resentimiento de un tipo muy asustado para lograr algo. Era una salida y mi venganza. Escribir era el lugar donde no podía perder.
Si eres hombre, la vida te da dos grandes temas. El deporte y las minas. Porque son cosas que trascienden, que te permiten hablar sobre ti. Pero a la larga son lo mismo. El deporte y las minas, son las únicas dos cosas donde los hombres no quieren perder. Curiosamente, perder en cualquiera de las dos siempre te obliga a visitar al mismo lugar. El bar. Yo pasé de bares a cocinas de amigos, con una facilidad asombrosa. Porque ganes o pierdas, el deporte y las minas funcionan con una certeza. Nunca dejarán de darte amigos. Y esos, uno aprende, siempre son los mejores.
Partí escribiendo por una mina y sigo haciéndolo. Pocas cosas en la vida, te dan ese tipo de emociones. La rabia, la ansiedad y la jodida adrenalina antes de arriesgar. Escribir sobre minas, te obliga a detenerte en esos minutos esenciales. En todo lo que tiene que pasar, para que un hombre conozca a una mujer. Y todo lo que puede suceder, cuando alguien se desprende de otro.
Escribir es una casualidad que se modela. Una suerte de consecuencia. Pero si te detienes lo suficiente, puedes darte cuenta de que siempre hay rasgos que se repiten. Escribir es un recurso que usa la gente partida. Es una cuestión de detalles y duelos, una arqueología y todas las promesas que uno nunca pudo cumplir. A mí me gusta encontrarles las trizas a las personas. Descubrirles los accidentes. Y saber qué cosas las hacen llorar.
El problema de centrarse sobre las derrotas, es que en algún punto tu suerte puede empezar a cambiar. Como que de un día para otro puedas empezar a conocer ese mundo que tenías postergado, por la fortuita condición de escribir bien. La diferencia física entre ganar y perder, no es más que una cosa de centímetros. Esa es la regla. Y en esta vida al menos, los cambios nunca dejarán de ser una buena probabilidad. Pero no es una lección fácil. Tuvieron que pasar cuatro años y medio, antes de que finalmente pudiera comenzar a entenderlo.

7 Comments:
Wuss, esta re bueno, me gustó caleta, pero DEJATE DE ANDAR WEBIANDO EN INTERNET Y TRABAJA!!!! Mira que no te mandaron de paseo a España jajajaja
saludos a la distancia man
PS: DEJA A LAS RUTERAS EN PAZ!!! jajaja
es un buen texto aunque obvio, cuestiòn para analizar en pèrspectiva, creo que le sobran algunos centìmetros.
aunque, salvo en algunas cèlebres excepciones, siempre pasa lo mismo.
bueno al final tu pregunta se podr�a traducir como "qu� te gusta a ti"
�no es cierto?
se pasa por �pocas, ahora los detectives salvajes.
en todo caso, es un buen texto este, me gusta.
won no me peles...
Marco antonio..jaja.
soy tan corriente que he tenido que esforzarme el doble toda mi vida para crear un falso encanto, una ilusion envidiable como un circo de pulgas.
Por que te postea $ ??
Bueno, señor Cherman, debo decir que cada dia me gusta mas como escribe.
Felicitaciones.
Es usted todo un escritor periodistico.
Wow....lindo.
Me gusta mucho esto que escribiste, y me pone a pensar en que nos basamos las "minas" para escribir, porque por lo menos para mi esta claro que el deporte no me haria pensar nada mas que "se que no sirvo para el deporte...".
Se trataria tambien de derrotas y de victorias, porque todos y todas las tenemos...escribimos tambien por los chicos, claro, aunque no les damos lo que escribimos, lo guardamos por ahi y nos lo encontramos un tiempo despues.
Escribimos porque sabemos que nos vemos lindas haciendolo... o por ganas de hacer otra cosa en lugar de peinarte. :)
Voy a seguir pensando en esto por un rato..
Un besote, Andrew!
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