cartas de un amargo

sábado, agosto 16, 2008

Busco Novia

Felipe se despertó sabiendo que tenía novia. Sin resaca. Sin dolores de cabeza. Pero con una tipa que lo estaba esperando. Y no se sentía mal. Tampoco descomunalmente bien. La verdad, es que entre un desayuno rápido y una amanecida brusca porque tenía que llevar a su hermana donde su nuevo novio, Felipe se detuvo en dos pequeños detalles. Tenía novia y en Santiago había llovido toda la noche. Y no era que le importara. Pero pronto, su casa, su barrio, su comuna y quizás toda esta puta ciudad, se iban a inundar.

Y seguía lloviendo.

Su hermana, a la que le decían Tata, que es como nombre de abuela, pero que venía a ser una suerte de segunda madre había encontrado a este Werner hace poco. Werner, claro, era el tipo nuevo. El novio de la Tata. Mientras Santiago se hacía pedazos con la lluvia helada, Felipe llevaba a su hermana donde Werner, pensaba en que tenía novia y se paseaba con esta idea un poco absurda, de que las mujeres necesitan estar con alguien, para poder ser felices. Y ahí estaba su hermana. Con varios kilos menos, mejor pinta, mejor facha y mejor ropa. Porque la Tata, que tenía nombre de abuela, se portaba como madre, pero finalmente era su hermana, también se había comprado ropa. Le quedaba bien. Se veía estilosa y qué carajo, porque no decirlo, andaba mejor. Lo que significaba que no lo jodía tanto y la casa andaba mejor. Digamos que esa felicidad espontánea que se supone les sucede a las minas cuando ya no están solas, sea un absurdo. Que no tenga base, fundamentos ni lógica. Pero ahí estaba la Tata. Saliendo un día de lluvia a ver a este tipo que se llamaba Werner, que para Felipe era más apellido que nombre, con buen ánimo. Y Felipe se despertó sabiendo que ella, Valeria, probablemente seguía durmiendo. Tenía novia.

Un par de semanas antes, cuando Valeria aún era Vaile y no se amanecía como novia, Felipe se despertó con dudas. Yo, que estaba durmiendo en la misma pieza prendí la tele y me topé con Amelie. Le dije a Felipe que se levantara carajo, que esta película le iba a aclarar todo. Felipe, por ponerlo de alguna forma, prefiere las historias reales con finales trágicos que son tan explosivas, hollywoodenses y llenas de velocidad y testosterona, que terminan siendo fenómenos de culto para machos alfas a quienes no les gusta el cine. A Felipe le gustaba Rápido y Furioso.

Le dije que no jodiera y pusiera atención. Porque en Santiago al menos, todas las minas querían ser como Amelie. Más lindas que ricas. Más francesas que gringas. Y con ese aire artísticamente desaliñado, que te da estampa para pasearte por lugares como el Parque Forestal o el Cine Arte Normandie, sin sentirte como un turista. La película es sobre cómo Amelie deja que Nino la encuentre. Después de mañas, caprichos, boicots, azar y finales antojadizos, el bueno de Nino encuentra a la francesita. Y a todas las santiaguinas se les parte el corazón.
-Ahí tienes -le dije- ¿entendiste ahora?
-Sí. Pero esta raza -porque nosotros a ellas les decíamos raza- no entiende bien los conceptos.
-¿Por?
-Porque la Amelie se tira al huevón, después del primer agarre. Y yo nunca he logrado que me suelten antes de pedir pololeo o mentir.

Felipe tenía toda la razón.

Ese día en que Felipe se levantó acordándose que era novio, yo me desperté sin resaca, pero con la boca seca. Poco a poco fui reconstruyendo la joda que había armado la noche anterior. Para eso, siempre servía mirar la billetera y enterarme de cuánto había gastado. Siguiendo los pesos, se unía la historia. Había sido en un bar de Manuel Montt en donde siempre me pasaba algo y bien ganado tenía su nombre. Se llamaba Huracán. Ahí había sido el primer lugar en que salí con Emilia, que ha sido la mina con lo que he tenido lo más cercano a una relación adulta. Pero también había sido el lugar donde pensé cómo carajo le iba a decir a mis viejos que serían abuelos, si a Johanna –que era mi ex novia y a quien había conocido hace exactamente dos años- las pastillas no le hacían ningún tipo de efecto. Y Johanna también estaba ahí hoy.

Cuando no bailas bien, tienes que aprender a suplirlo. Yo, por suerte, me di cuenta de que podía substituir mi cuerpo largo, tronco, sin ritmo ni gracia, con una boca que no encontraba dificultad en hablar sobre cualquier cosa. Con mi boca y tres roncolas, hacía lo que otros tipos hacen con el culo, la cintura y tres merengues en línea. Y eso, a algunas tipas les gustaba.

Johanna era una.

Habíamos durado un mes, pero podría haber sido un poco más o un poco menos. Ella, que era mujer, del otro equipo y de una raza diferente, sólo quería que la quisiesen. Que le dijeran que era bonita y que la abrazaran después del sexo. Y carajo, eso no era nada del otro mundo. Es más, se parecía mucho a eso que yo le digo rutina, pero otros llaman felicidad, estabilidad y bendito compromiso. De ella nunca me sorprendió demasiado su pinta. Estaba bien, tenía sus cosas. Pero de Johanna, lo que mejor me parecía, era lo entretenida que podía llegar a ser. Y ahí estábamos, un año después. Mientras Felipe conversaba y se convertía inevitablemente en novio, yo la miré un rato. Johanna era una buena tipa, pero insoportable en el largo aliento y en la repetición. Era, a fin de cuentas, igual que las películas del cojonudo de Nicholas Cage que tanto le gustaba. Llena de efectos especiales, sobrecargada de nombres reconocibles y saturada de chiches visuales. Pero se caía en el guión y en la tragedia de que por muchas explosiones que hubiera, los personajes -en algún minuto- igual tenían que hablar. Y ahí, yo perdía el entusiasmo.

No voy a entrar en detalles, porque estaba demasiado borracho como para recordarlo. No sé si fue ella quien me esquivó primero, o yo que el que le hice el quite después. Pero cuando me acerqué a saludarla, Johanna corrió la mejilla y punto. Ahí estaba mi ex novia, mientras Felipe se abalanzaba sobre la cuerda y estaba camino a ese lamentable momento que es pedirle exclusividad y compromiso a alguien. Fui a la barra, hablé con la primera fea que me miró y agarramos como agarra la gente desesperada que nadie quiere oficialmente. Creo que se llamaba Jessica y yo le dije que mi nombre era Gastón. Gastón Sanfillippo, por supuesto. El flaco Sanfillippo que correteaba pelotas en el San Ignacio de Alonso de Ovalle. Que era de donde salían los ignacianos de verdad, no como esos pechos fríos de Pocuro. Y todo era mentira, por supuesto. Pero Gastón Sanfillippo sonaba a literatura y yo hace años que quería ser escritor.

Jessica, si así es como se llamaba, era Relacionadora Pública y fácilmente puede haberme llevado unos diez años. De su cara no me acuerdo, pero adivino que estaba lejos de ser guapa y parecerse a Amelie. Jessica, si me preguntas con lo poco que me queda de memoria, estaba más cercana de entrar en la categoría de musa maldita y desechada de Bukowski. Y mientras sólo fuera de noche, eso también me gustaba.

Jessica se despidió del Nene Sanfillippo preguntándole si lo vería de nuevo. Gastón sólo se limitó a la risa y le dijo que claro, que él la buscaba. Un poco antes, fue el minuto en que Felipe dejó de ser un putamadre más en la noche santiaguina y se convirtió en ese tipo de persona, que las madres quieren presentarles a sus hijas. Mientras Sanfillippo metía mano donde nadie se atrevía y Johanna se avergonzaba de haberse cruzado con ese conchadesumadre que pueden ser Andrew, Felipe le preguntó a ella si quería ser su chica. Valeria conoció lo que era la felicidad momentánea del trato hecho y le dijo que sí con la sonrisa que ponen las niñas, cuando les dan lo que quieren, después de pelear y pelear. Esa noche también, González le ganó a Blake cuando parecía que el de La Reina estaba perdido y el negro ya se había escapado. Y carajo si Felipe no se parecía a Blake en el camino de vuelta.

La noche siguiente, los ovarios de Valeria se cruzaron con sus ganas infinitas de salir. Y ganaron los ovarios. Con Felipe fuimos donde Fernanda, que es guapa, estaba de cumpleaños y claro, también tenía novio esa noche que llovía y Santiago se hacía pedazos. Le conté a Felipe sobre las travesuras de Gastón Sanfillippo y él me contó sobre cómo había perdido en tres sets. Pero ésta, decía, era de esas extrañas derrotas que te terminan gustando y dejando conforme. Casi tranquilo. Terminamos la botella de Havana Club de litro que habíamos comenzado la noche anterior y le conté sobre mi almuerzo familiar. Que mi hermano David estaba saliendo con una tipa y que la había invitado el domingo a almorzar a la casa. Y todo esto me lo decía mi vieja.
-Podrías buscarte una novia tú también. Te está haciendo falta -insistió-.
-Perfecto. Dime cómo la quieres, de que carrera, de que universidad. Si me contestas antes del lunes, me pongo a buscarla en Facebook y te muestro una lista de candidatas, para que la invitemos a almorzar el próximo domingo. ¿Te parece?

Felipe dijo que Mariana, que así es cómo se llama mi vieja, era una grande. Y añadió que claro que era bueno que me buscara una novia. Que si el caía, carajo, no lo iba a hacer solo. Esa noche, mientras aún llovía, las calles del puto Santiago se anegaban y Valeria pedía ser hombre porque odiaba sus ovarios, conocí a Francisca. Era la hermana de la cumpleañera. Tan guapa como ella, pero con ese aire distinto y jodido que te ganas cuando fuiste la hermana mayor. Francisca estaba soltera y Fernanda quería buscarle novio. Yo me acordé de Mariana.

Esa noche fui a dejar a Felipe, el novio, temprano. Justo antes de estacionar el auto blanco de Mariana en mi casa, en la radio comenzó a sonar Creep de los Stone Temple Pilots, que en castellano se traduce en algo así como aborrecible o que simplemente da asco. Detuve el auto en la mitad de mi calle y canté como cantan los tipos angustiados de las cinco de la mañana. Y de pronto, sin excusas ni permisos, en Santiago dejó de llover.

4 Comments:

Anonymous sofi said...

excelente

5:55 PM  
Anonymous Anónimo said...

ya po aplícate con el post, para echar las tallas

11:00 PM  
Anonymous Anónimo said...

me encanta lo k escribes ,es tan real y tan decadente

11:22 PM  
Anonymous Anónimo said...

Andrew Ian:

Número 1: ¡Me enamoré de R. Cisneros! Soy adicta a su blog y tenía que decírtelo, porque eres el responsable.

Y número 2: Espero tu actualización.

Atte.
Ya tú sabes.

1:04 AM  

Publicar un comentario

<< Home